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Créditos para autos y televisores, pero la vivienda sigue siendo una cuenta pendiente

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El alto consumo de bienes durables no se traslada a los créditos hipotecarios, que siguen bajando su participación en el total de créditos otorgados.

La mejora de 2010 marcó un repunte en casi todos los rubros del consumo. Se vendieron más de 600.000 autos, cerca de 550 mil motos, hubo un salto importante en el despacho de televisores y el verano marcó un muy buen nivel de actividad turística.

Un mapa de la evolución del crédito muestra que la financiación con tarjetas crece 40% en un año, los prendarios lo hacen en 45% y el volumen de préstamos personales, 35%. Los indicadores de créditos para consumo reflejaron en 2010 y en la primera parte de este año, la manera en que el repunte económico sentó una de sus bases en el consumo interno. Tanto, que más del 50% del total del crédito hoy se concentra en financiar consumo.

Así, el Gobierno no debería mostrarse tan molesto con el fuerte aumento que tuvieron las importaciones en los últimos meses, ya que es que es una de las consecuencias del actual esquema económico .El consumo va adelante y la inversión muy de atrás.

Ese mayor consumo, cristalizado en la compra de celulares, televisores de alta definición, motos, autos y hacer más turismo camina (como se ve en el gráfico), también de la mano del aumento de la cantidad de préstamos. Una realidad que no se traslada a los créditos hipotecarios que siguen bajando de participación en el total. En volumen, representan 12% del monto de crédito y su performance parece lejos de poder dar un salto.

Los intentos oficiales por recuperar el segmento de los préstamos hipotecarios resultaron insuficientes o fracasos.

La idea de dinamizar el segmento con el fallido plan inquilinos, que ilusionó a muchos pensando que podrían llegar a propietarios pagando una cuota equivalente a un alquiler, se desvaneció rápidamente.

Los intentos oficiales por parte del Banco Nación, del Provincia, del Ciudad o de los bancos privados resultan insuficientes para dar vuelta una curva que parece inflexible porque no se encara la resolución del problema clave : la Argentina carece de una moneda para ahorrar a largo plazo.

El centro del problema suele explicarse con el cuento del banquero y el amigo que le pide un crédito hipotecario.

El banquero le dice que para tenerlo a tasa fija a 20 años debe cobrarle el 26% anual.A lo que el amigo se niega por considerarlo carísimo. Pero también reconoce que no estaría dispuesto a hacer un depósito en pesos por un período largo, ni siquiera por un año.

Desde ya que los mercados de capitales actúan como mediadores y no son necesarios depósitos a 20 años, pero en este tema la Argentina detenta un déficit notable.

La crisis de 2001 terminó con los préstamos en dólares. Hoy sólo pueden recibirlos las empresas que generen dólares en operaciones de comercio para garantizar el repago del crédito. Pero esa limitación, atendible después del desastre que dejó el quiebre de la convertibilidad, no desembocó en un esquema alternativo y viable.

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La economía creció pero parte de la desconfianza financiera aún no se supera.

Argentina logró una recuperación inmobiliaria que, entre otras cosas sin crédito bancario, puso los precios del metro cuadrado en dólares en varios barrios de la Capital y el GBA por encima de los niveles de la convertibilidad, toda una experiencia.

Una porción de la clase media pudo ahorrar en dólares y financiar la construcción como una forma de ahorro. Otra, se dispuso a consumir sin reparar mucho en el futuro mediato.

Ahora, con los dólares de la exportación del maíz y de la soja que comenzarán a entrar a fin de mes, y con el dólar quieto hasta las elecciones de octubre, el esquema tiene margen para seguir.

Pero la inflación alta, el principal enemigo de los bolsillos de los consumidores y de un mercado de crédito a mediano o largo plazo, seguirá mellando la posibilidad de que la economía ingrese en una nueva etapa para la cual faltan tiempo y decisiones. Así, un modelo con intención de mejorar la distribución del ingreso de la gente, puede concluir empeorando la distribución de la riqueza.

Desde ya, el aumento del consumo es bienvenido y por muchos años. Pero para sostenerlo será necesario crear condiciones que le permitan a los argentinos ganar confianza a la hora de ahorrar .

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